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Eolo-Gayla y el despegue del parapente en España: la fábrica que nos enseñó a volar.

A finales de los años ochenta y principios de los noventa, el cielo español comenzó a poblarse de campanas de tela que permitían a los más atrevidos lanzarse desde las montañas. En aquellos años pioneros, la histórica fábrica gijonesa Eolo-Gayla, conocida popularmente por sus cometas, dio un salto que cambiaría la historia aeronáutica del país: comenzó a fabricar parapentes reales para el vuelo libre.

Lejos de quedarse en el mercado del juguete o la tracción a pequeña escala, la empresa se adentró de lleno en la ingeniería del vuelo humano. En el año 1990, dentro de las mismas instalaciones donde se cosían las cometas comerciales, nació la Escuela de Parapente Eolo. Esta iniciativa no surgió únicamente como una academia deportiva, sino como el laboratorio perfecto para desarrollar y probar sus propios equipos de vuelo libre, prestando especial atención a sus modelos de escuela.

El diseño de un parapente de iniciación es el reto más exigente para un fabricante. Estos equipos de escuela debían reunir tres características innegociables: una seguridad pasiva extrema para perdonar los errores del piloto, un inflado noble que facilitara el despegue y una resistencia superlativa para soportar las caídas y los arrastres continuos de los alumnos en las campas de entrenamiento. Eolo-Gayla aplicó todo su conocimiento industrial en perfiles aerodinámicos y costuras de alta tensión para crear velas reales que permitieran a los novatos colgarse de un arnés y deslizarse por el aire de forma estable y controlada.

Aquellos modelos de escuela, ideados y confeccionados en Asturias, se convirtieron en la llave de acceso al cielo para cientos de deportistas. La fábrica no solo cubrió la demanda local, sino que su éxito traspasó las fronteras del Principado. Gracias a la fiabilidad de sus parapentes de iniciación y a su programa de formación, la academia instruyó a los primeros pilotos de comunidades como Galicia y Extremadura, sembrando la semilla de la actual comunidad de vuelo libre nacional.

El trabajo de producción e instrucción de Eolo-Gayla demostró que el parapente no era una moda temeraria, sino una disciplina aeronáutica que requería de tecnología precisa, estudio meteorológico y un material impecable. Los instructores, que guiaban a los alumnos por radio bajo aquellas campanas de fabricación propia, forjaron una metodología que sentó las bases de la seguridad aérea, logrando que la escuela fuera reconocida para todo el territorio nacional por la Federación Aeronáutica Española en 1998.

Aquella intrusión de una fábrica de cometas en la manufactura de parapentes de vuelo libre representa un capítulo vital de nuestro patrimonio industrial y deportivo. Eolo demostró que dominar el viento era un arte accesible y que, con el diseño de escuela adecuado, volar dejaba de ser un mito para convertirse en una realidad palpable.

Parapente Sopelana

Desde los inicios del deporte del parapente, Parapente Sopelana ha estado ahí, con los pioneros. Décadas de trabajo que hacen de nuestro proyecto una magnífica elección si quieres descubrir el vuelo biplaza en el paraiso de las playas de Sopelana. Tanto si quieres dar un excitante paseo, como si quieres profundizar más en el mundo del vuelo libre, Parapente Sopelana está aquí para atenderte, aconsejarte, acompañarte. Siempre con los mejores profesionales y en total seguridad.

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