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El dracón en el cielo: el tejido sintético que revolucionó el vuelo libre en ala delta y parapente

Cuando observamos la elegante silueta de un ala delta cortando el viento o la colorida bóveda de un parapente suspendida en las corrientes térmicas, rara vez nos detenemos a pensar en la compleja ingeniería de los materiales que hacen posible el milagro del vuelo. Entre toda la tecnología aplicada a los deportes aéreos, existe un héroe silencioso que lleva décadas garantizando la seguridad, la aerodinámica y el rendimiento de los pilotos en todo el mundo. Se trata del dracón, una fibra sintética que transformó para siempre la fabricación de las aeronaves de vuelo libre y que, aún hoy, sigue siendo un componente insustituible en las alturas.

Para comprender la magnitud de la importancia de este material en la aeronáutica deportiva, primero debemos entender su naturaleza química y física. El dracón, a menudo escrito como dacron por su denominación comercial original en lengua inglesa, es en realidad un tipo específico de poliéster, concretamente un tereftalato de polietileno. Desarrollado a mediados del siglo pasado, este polímero destacó rápidamente frente a las tradicionales fibras naturales y a otros compuestos sintéticos tempranos gracias a una combinación de propiedades físicas verdaderamente excepcionales. Su principal virtud es la enorme resistencia mecánica, acompañada de un bajísimo índice de elasticidad y una tolerancia formidable a la constante degradación provocada por la radiación ultravioleta del sol. Estas características lo convirtieron de inmediato en el candidato perfecto para la confección de velas marinas y, muy poco tiempo después, para la conquista definitiva del espacio aéreo deportivo.

En el exigente ámbito del ala delta, la adopción del dracón supuso un punto de inflexión técnico e histórico. La vela de un ala delta necesita mantener una forma aerodinámica muy precisa, tensa y rígida para generar la sustentación adecuada y permitir al piloto un control direccional milimétrico. Si el tejido empleado se estirara, encogiera o se deformara bajo la inmensa presión del viento, el aparato perdería sus cualidades de vuelo y pondría en grave peligro la integridad del ocupante. Gracias a la extraordinaria estabilidad dimensional de este poliéster, los ingenieros y fabricantes pudieron diseñar perfiles alares mucho más eficientes, ágiles y veloces. Las velas confeccionadas con dracón no solo soportan las tensiones extremas de las maniobras a gran velocidad y los embates de las fuertes turbulencias térmicas, sino que también resisten la inevitable abrasión producida durante los montajes y desmontajes rutinarios en terrenos pedregosos o áridos, prolongando significativamente la vida útil de la aeronave.

El papel de este material en la vertiginosa evolución del parapente presenta matices diferentes, pero resulta igualmente crucial para el desarrollo del deporte. A diferencia del ala delta, la extensa bóveda principal de un parapente suele estar confeccionada en su totalidad con finos tejidos de nailon antidesgarro, ya que son considerablemente más ligeros, plegables y facilitan el inflado de la vela durante la delicada maniobra de despegue. Sin embargo, el dracón encuentra su lugar indispensable en la robusta estructura que conecta y asegura al piloto con la tela voladora. Las bandas del parapente, que son las cintas gruesas de las que penden los mosquetones metálicos y a las que se ancla el arnés del volador, están fabricadas tradicionalmente con múltiples capas de este resistente poliéster cosidas entre sí. Además, las finas líneas o cordinos que componen el complejo suspentaje y dan forma al perfil aerodinámico de la vela suelen estar compuestos por un alma interna de materiales exóticos de altísima resistencia, pero recubiertos siempre por una funda protectora finamente trenzada de dracón. Esta funda exterior es vital para la seguridad, ya que protege el delicado núcleo interno de la abrasión mecánica contra las rocas del suelo y actúa como un escudo térmico contra los dañinos rayos del sol en altura.

La industria de los deportes de aventura se encuentra en un estado de innovación constante, experimentando continuamente con membranas laminadas, hilos de carbono y compuestos ultraligeros que buscan rascar gramos a la báscula y sumar kilómetros por hora al anemómetro. A pesar de la irrupción incesante de estas nuevas tecnologías de vanguardia en los laboratorios aeronáuticos, la fiabilidad largamente probada de este poliéster clásico mantiene su vigencia inalterable en los talleres de costura de las grandes marcas. Su equilibrio insuperable entre coste de producción, durabilidad frente a los elementos y resistencia estructural asegura de manera firme que esta fibra pionera seguirá acompañando a los pilotos cada vez que decidan despegar los pies de la tierra firme para fundirse en silencio con las corrientes del cielo.

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Desde los inicios del deporte del parapente, Parapente Sopelana ha estado ahí, con los pioneros. Décadas de trabajo que hacen de nuestro proyecto una magnífica elección si quieres descubrir el vuelo biplaza en el paraiso de las playas de Sopelana. Tanto si quieres dar un excitante paseo, como si quieres profundizar más en el mundo del vuelo libre, Parapente Sopelana está aquí para atenderte, aconsejarte, acompañarte. Siempre con los mejores profesionales y en total seguridad.

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