Sopelana se prepara para un fin de semana de contrastes: potencia en el mar y paciencia en el aire
A medida que nos acercamos al fin de semana del 6 de febrero de 2026, los mapas isobáricos comienzan a dibujar un escenario complejo y fascinante para la costa de Bizkaia. Sopelana, epicentro indiscutible de los deportes de deslizamiento en la cornisa cantábrica, se encuentra en el punto de mira de una profunda borrasca situada al noroeste de las Islas Británicas. Esta configuración atmosférica promete un fin de semana de dos caras muy diferenciadas, donde los surfistas podrían encontrar la gloria que llevan esperando todo el invierno, mientras que la comunidad del vuelo libre tendrá que armarse de estrategia y buscar ventanas de oportunidad muy específicas.
El análisis de los modelos predictivos para este viernes y sábado sugiere la entrada de un potente mar de fondo del noroeste. No estamos ante un oleaje de transición, sino ante un pulso de energía considerable generado por los fuertes vientos en el Atlántico Norte durante los días previos. Para las playas de Arriatera y Atxabiribil, así como para la vecina Barinatxe (La Salvaje), esto se traduce en olas que oscilarán entre los dos metros y medio y los tres metros de altura. El periodo del oleaje, ese dato crucial que indica la potencia y la calidad de la masa de agua, se mantendrá alto, rondando los trece o catorce segundos.
Para el surfista experimentado, el sábado 7 de febrero se perfila como una jornada exigente pero potencialmente épica. La clave, como siempre en esta zona, será el viento local. Las previsiones apuntan a un flujo de componente sur o suroeste durante las primeras horas de la mañana, lo que garantizaría condiciones de "offshore" (viento de tierra a mar) que peinan la ola y mantienen el tubo abierto. Sin embargo, se recomienda precaución: la fuerza del mar será tal que las corrientes de resaca en Sopelana funcionarán a pleno rendimiento. No será un baño para principiantes ni para escuelas, sino para aquellos con la forma física necesaria para remontar paredes de agua densa y fría. A partir del mediodía del sábado, se espera una rolada a oeste-noroeste que podría romper la perfección de las líneas, dejando el mar más revuelto y difícil de leer.
La situación para los amantes del parapente se presenta radicalmente distinta y mucho más técnica. La ladera de Sopelana, famosa por su sustentación laminar y sus vistas privilegiadas, depende de un viento de componente norte o noroeste limpio y de una velocidad moderada, idealmente entre quince y veinticinco kilómetros por hora. El problema para este fin de semana del 6 de febrero no será la falta de viento, sino su exceso y su carácter racheado, sumado a la inestabilidad atmosférica.
El sábado parece, sobre el papel, un día para mantener la vela plegada en la mochila. La entrada del frente asociado a la borrasca traerá consigo rachas que podrían superar los cuarenta kilómetros por hora en el borde del acantilado, una velocidad que pone en riesgo la seguridad incluso de los pilotos más veteranos, con el añadido de chubascos intermitentes que degradan la capacidad de vuelo de los equipos. El vuelo en ladera requiere constancia, y lo que los mapas muestran es turbulencia.
Sin embargo, el domingo 8 ofrece un rayo de esperanza para el vuelo libre. Tras el paso del frente, se espera una apertura de claros y una disminución de la intensidad del viento, que se fijará más en el componente norte. Si la lluvia da una tregua, podríamos ver una "ventana de vuelo" mágica durante la tarde del domingo. Serían condiciones post-frontales, con un aire frío y denso que genera una sustentación excelente, permitiendo a los pilotos mantenerse sobre los acantilados y disfrutar del espectáculo del mar embravecido bajo sus pies. Será un juego de paciencia: esperar en el despegue, observar las mangas de viento y aprovechar el momento exacto en que la meteorología se alinee.
Para el visitante de a pie que no planea ni entrar al agua ni surcar el cielo, el espectáculo natural está garantizado. La combinación de mareas vivas y el fuerte oleaje golpeando los acantilados de flysch ofrecerá una estampa invernal de gran belleza plástica. Se recomienda, eso sí, prudencia en los paseos por la parte baja de las playas durante la pleamar y abrigarse bien, pues la sensación térmica será baja debido a la humedad.
En resumen, Sopelana vivirá un fin de semana de pura identidad cantábrica: salvaje, impredecible y enérgico. El surfista deberá madrugar el sábado para cazar el viento sur, y el parapentista deberá esperar al domingo para intentar conquistar la ladera. La naturaleza marca el ritmo y, en febrero, ese ritmo es intenso y no admite errores.
