Kruševo 2019: Cuando el cielo de Macedonia del Norte coronó a los nuevos reyes del vuelo libre
Si el Mundial de Monte Avena en 2017 fue una batalla de titanes contra las escarpadas paredes de roca de los Dolomitas italianos, su sucesor, el 16º Campeonato Mundial de Parapente de la FAI celebrado en Kruševo, Macedonia del Norte, ofreció un escenario radicalmente distinto pero igualmente desafiante. Dos años después de aquella cita en Italia, la élite del vuelo libre mundial aterrizó en los Balcanes en agosto de 2019 para disputar una competición que quedaría grabada en la historia por la supremacía táctica y el dominio técnico de una nueva generación de pilotos.
La transición de los Alpes al valle de Pelagonija supuso un cambio de mentalidad para los ciento cincuenta pilotos clasificados, procedentes de casi cincuenta naciones. Kruševo, conocida por ser la ciudad más alta de los Balcanes y un lugar histórico de peregrinación para los amantes del vuelo, desplegó su habitual alfombra de condiciones térmicas generosas. A diferencia de las carreras de cresta y ladera pura que caracterizaron gran parte de la edición italiana anterior, el cielo macedonio exigió una paciencia de ajedrecista. Aquí, las pruebas no se ganaban solo pisando el acelerador contra el relieve, sino interpretando los ciclos térmicos en las llanuras, gestionando la paciencia en las transiciones y volando en gaggles (grupos de pilotos) compactos y agresivos.
El despegue de Meckin Kamen se convirtió durante dos semanas en el mirador desde el cual se lanzaba la flota más competitiva del planeta. La meteorología, benevolente durante gran parte del evento, permitió la validación de diez mangas, una cifra alta que garantiza que el campeón no es fruto de la suerte, sino de la consistencia pura. Las tareas, que oscilaron entre los ochenta y los ciento diez kilómetros, pusieron a prueba la resistencia física y mental de los competidores, obligándoles a tomar decisiones críticas a dos mil quinientos metros de altura.
En el plano deportivo, la narrativa principal fue la redención italiana y la hegemonía francesa. Resulta poético que, tras no haber logrado el oro individual en su propia casa en Monte Avena dos años antes, el himno italiano sonara en lo más alto del podio en Macedonia. El veterano Joachim Oberhauser se alzó con el título de Campeón del Mundo en una actuación que fue una clase magistral de regularidad. Oberhauser no necesitó ganar todas las mangas; le bastó con no cometer errores. Mientras otros pilotos arriesgaban y "pinchaban" (aterrizaban antes de la meta) en días difíciles, el italiano mantuvo la cabeza fría, gestionando su vela Ozone Enzo 3 con una precisión quirúrgica para acumular los puntos necesarios y superar al ruso Gleb Sukhotskiy, quien se llevó la plata en un final de infarto.
Sin embargo, si hablamos de dominio colectivo, la conversación empieza y termina con Francia. El equipo francés llegó a Kruševo con la etiqueta de favoritos y no decepcionó. Su actuación fue aplastante. No solo se llevaron el oro por naciones, sino que colocaron a sus pilotos en las posiciones de vanguardia constantemente. Figuras como Honorin Hamard y Pierre Remy demostraron por qué la escuela francesa de vuelo es la referencia mundial, volando con una coordinación casi telepática que desmoralizó a sus rivales en varias mangas.
En la categoría femenina, la francesa Méryl Delferrière confirmó lo que ya era un secreto a voces: es una de las mejores pilotos de la historia, independientemente del género. Su victoria fue contundente, volando a un nivel que la situó a menudo por delante de gran parte de la flota masculina en la clasificación general de las mangas. Su capacidad para encontrar núcleos térmicos potentes y su velocidad en las transiciones marcaron la diferencia respecto a sus competidoras, consolidando el doblete de oro para Francia en las categorías individuales y por equipos.
Desde el punto de vista tecnológico, Kruševo 2019 fue el campo de pruebas definitivo para la generación de velas de competición de dos bandas. La rivalidad entre las marcas líderes, principalmente Ozone y Gin Gliders, fue palpable. Se observó una evolución en el rendimiento a alta velocidad y, sobre todo, en la estabilidad de las velas en aire turbulento, permitiendo a los pilotos empujar los límites de la seguridad y la eficiencia aerodinámica un paso más allá de lo visto en Italia.
El evento cerró con una sensación de gratitud hacia la organización macedonia. Lejos de la infraestructura masiva de los Alpes, Kruševo ofreció una hospitalidad cálida y una logística impecable que permitió que el deporte brillara sin contratiempos. Al caer el sol sobre el valle de Pelagonija en la ceremonia de clausura, quedó patente que el parapente de competición había entrado en una fase de madurez profesional absoluta. Los pilotos partieron de Macedonia sabiendo que el listón había subido de nuevo, dejando atrás las montañas de Monte Avena y los llanos de Kruševo, con la mirada ya puesta en los desafíos que el futuro depararía en los cielos de Francia y América para las siguientes ediciones.
