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Un fin de semana de furia y espuma: el Cantábrico enseña los dientes en Sopela

La calma relativa que ha presidido los primeros días de la semana en la costa vizcaína tiene las horas contadas. Los modelos meteorológicos coinciden al unísono para este próximo fin de semana del 23 de enero: el pasillo del Atlántico norte se abre de par en par, permitiendo la entrada de una profunda borrasca que impactará directamente contra el litoral vasco. Para los amantes de los deportes de deslizamiento en Sopela, esto plantea un escenario de contrastes extremos, donde la línea entre la épica y la imprudencia será más delgada que nunca.

La situación sinóptica a partir del viernes 23 muestra un rápido descenso de la presión atmosférica. Una serie de frentes asociados barrerán la costa de oeste a este, trayendo consigo precipitaciones intensas y, lo que es más relevante para nuestros deportistas, un cambio drástico en el estado de la mar y la fuerza del viento. No será un fin de semana plácido de turismo de sol y playa, sino una demostración de fuerza bruta de la naturaleza invernal.

Para la comunidad surfera, las noticias son mixtas y dependen enteramente del nivel técnico de cada uno. La playa de Barinatxe, conocida popularmente como La Salvaje, y la vecina Arrietara, recibirán un mar de fondo muy consistente del noroeste. Se espera que el oleaje comience a subir drásticamente durante la tarde del viernes, alcanzando picos de tres a cuatro metros durante la jornada del sábado. El periodo de las olas, ese intervalo vital entre cresta y cresta, se mantendrá alto, oscilando sobre los trece segundos, lo que garantiza que la masa de agua que impacte contra los bancos de arena tenga mucha energía.

Sin embargo, el gran enemigo para el surfista este fin de semana será el viento local. Las previsiones apuntan a vientos fuertes de componente oeste-noroeste, lo que en la jerga se conoce como "onshore" o viento de mar. Esto suele "picar" el mar, desordenando la superficie y haciendo que las condiciones sean revueltas y difíciles de leer. No será un baño para principiantes ni para escuelas; las corrientes serán fortísimas y la espuma, incesante. Solo los surfistas más experimentados podrán encontrar, quizás en las esquinas más protegidas de la playa o en los momentos de marea baja, alguna sección aprovechable en medio del caos de agua blanca. El domingo podría ofrecer una ligera mejoría si el viento rola un poco más hacia el sur, ordenando las líneas, pero el tamaño seguirá siendo intimidante.

Si el panorama es complicado para los que van al agua, para los voladores es directamente desalentador. Sopela es una de las mecas del vuelo de ladera en Europa, donde los parapentistas aprovechan la brisa marina laminar para sustentarse sobre los acantilados durante horas. Desgraciadamente, la física del vuelo no perdona y este fin de semana presenta casi todas las banderas rojas posibles para la práctica del parapente.

La intensidad del viento prevista para el sábado y gran parte del domingo superará con creces los límites de seguridad aceptables para un parapente convencional. Se esperan rachas que podrían alcanzar los cincuenta o sesenta kilómetros por hora en el borde del acantilado. Intentar despegar en estas condiciones no solo es imposible, sino temerario, con un riesgo altísimo de ser arrastrado hacia atrás, hacia la zona de sotavento y las turbulencias mecánicas generadas por los edificios y la orografía trasera. Además, la probabilidad de chubascos intermitentes es muy alta. La lluvia degrada el perfil aerodinámico de la vela y aumenta el peso del equipo, lo que puede llevar a una pérdida de sustentación catastrófica cerca del suelo.

La única ventana teórica, y muy remota, para los pilotos más ansiosos podría abrirse el viernes a primera hora, antes de la llegada del frente principal, o el domingo a última hora de la tarde si la borrasca pasa más rápido de lo previsto y el viento amaina drásticamente, aunque la humedad residual y el suelo mojado seguirán siendo factores de riesgo. Lo más sensato para la comunidad de vuelo libre será mantener las velas plegadas en la mochila.

Para el turista de a pie, sin embargo, el espectáculo está garantizado desde la seguridad de la barrera. Los paseos sobre los acantilados de Sopela ofrecerán una vista privilegiada de la fuerza del Cantábrico. Ver romper olas de cuatro metros contra las rocas y sentir la sal en la cara es una experiencia purificadora, siempre que se respete la distancia de seguridad y se vaya bien equipado contra la lluvia y el frío. Será un fin de semana para fotógrafos de tormentas y para disfrutar de la gastronomía local al resguardo de un buen ventanal, viendo cómo el mar reclama su protagonismo.

Parapente Sopelana

Desde los inicios del deporte del parapente, Parapente Sopelana ha estado ahí, con los pioneros. Décadas de trabajo que hacen de nuestro proyecto una magnífica elección si quieres descubrir el vuelo biplaza en el paraiso de las playas de Sopelana. Tanto si quieres dar un excitante paseo, como si quieres profundizar más en el mundo del vuelo libre, Parapente Sopelana está aquí para atenderte, aconsejarte, acompañarte. Siempre con los mejores profesionales y en total seguridad.

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