Mientras gran parte de Europa y América ha desmantelado ya los mercadillos navideños y los árboles se secan en las aceras esperando ser recogidos,
España vive una realidad paralela. Aquí, las luces siguen encendidas y la euforia no decae. La festividad de los Reyes Magos no es solo el epílogo de las fiestas navideñas; se ha consolidado como un fenómeno socioeconómico único que alarga la temporada turística invernal, convirtiendo a la península en una anomalía rentable dentro del calendario turístico internacional.1
El espectáculo de las Cabalgatas: Patrimonio como atracción
El principal imán turístico de esta fecha es, indudablemente, la Cabalgata. Lo que antaño eran desfiles locales modestos, hoy son producciones de gran envergadura que rivalizan con espectáculos internacionales.
El caso de Alcoy (Alicante) es paradigmático. Al albergar la cabalgata más antigua de España (documentada desde 1885) y estar declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, la ciudad multiplica su población.3 No es solo un desfile; es una ópera urbana donde la participación ciudadana y la estética antorcha en mano atraen a miles de visitantes que reservan alojamiento con meses de antelación.
La desestacionalización del invierno
Lo que la festividad de los Reyes Magos ofrece a la industria turística española es una ventaja competitiva: la desestacionalización. Mientras otros destinos de invierno dependen exclusivamente de la nieve, las ciudades españolas ofrecen cultura, tradición y clima moderado hasta bien entrado enero.
Este fenómeno ha llevado a muchos turoperadores a vender paquetes específicos de "Navidad Española" que incluyen la noche de Reyes. Se vende la experiencia de la ilusión, el exotismo de los camellos en las calles y la vivacidad de unas ciudades que se niegan a irse a dormir. Es una inyección de liquidez vital para restaurantes, hoteles y transportes que, de no ser por Melchor, Gaspar y Baltasar, sufrirían un parón seco el día 2 de enero.
La pervivencia de esta tradición garantiza que el motor del turismo no se gripe al comenzar el año. Más allá de la magia y la inocencia de los niños, los Reyes Magos traen oro, incienso y mirra en forma de pernoctaciones y consumo, demostrando que la cultura popular, cuando se cuida y se promociona, es el activo más valioso de la marca España. Mientras la ilusión se mantenga intacta en las calles, la salud del turismo de invierno estará asegurada, cerrando el ciclo navideño no con silencio, sino con una última y rentable gran ovación.
