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parapente sobre sopelana

Si miramos al cielo estos días, es posible que la silueta roja que cruza el horizonte no sea un trineo tirado por renos,

sino una vela de nailon impulsada por corrientes térmicas. Mientras la mayoría de la población se refugia del frío en centros comerciales o prepara cenas copiosas, existe una tribu que celebra la Navidad de una forma radicalmente distinta: colgados de un arnés, desafiando las bajas temperaturas y convirtiendo el cielo en su particular salón de fiestas.

La "Papanoelada" aérea: una tradición viral

En la última década, se ha consolidado en los clubes de vuelo de medio mundo —y con especial fuerza en España y Europa— el fenómeno de las "Papanoeladas Aéreas". Ya no es una anécdota, sino una cita fija en el calendario de muchos aeroclubes.

La imagen es potente: decenas de pilotos despegan sincronizados vestidos con el traje reglamentario de Santa Claus. Las barbas blancas artificiales ondean al viento a 40 kilómetros por hora y los trajes rojos contrastan violentamente contra el azul del cielo invernal o el blanco de las cumbres nevadas. No es solo una diversión privada; es un espectáculo para los pueblos que se encuentran a los pies de las zonas de vuelo. En muchas localidades, los niños esperan en el campo de aterrizaje a que estos "Papás Noeles" toquen tierra, a menudo cargados con caramelos o pequeños obsequios, fusionando la magia infantil con la espectacularidad del deporte extremo.

Competición y turrón: las Copas de Navidad

Más allá del disfraz, la Navidad es un momento clave para la vida social de los clubes de parapente. Durante estas fechas se organizan las tradicionales Copas de Navidad o ligas de invierno. Dado que las condiciones meteorológicas en diciembre en el hemisferio norte no suelen permitir largos vuelos de distancia (Cross Country) debido a la menor actividad térmica, estas competiciones se centran en la precisión.

Son las famosas "dianas". El objetivo es aterrizar poniendo el pie en un punto exacto del tamaño de una moneda de euro. El ambiente en estos eventos dista mucho de la tensión de los campeonatos nacionales oficiales. Aquí, la competitividad se diluye en favor de la camaradería. El premio no suele ser un trofeo metálico, sino cestas de Navidad, jamones o lotes de turrones. Es la excusa perfecta para reunir a la comunidad de pilotos, desde los veteranos hasta los alumnos de las escuelas, en torno a su pasión compartida.

Volar por una causa: el cielo solidario

El espíritu navideño también ha impregnado la ética del vuelo libre a través de iniciativas solidarias. Cada vez son más frecuentes los eventos de "Vuelo Solidario" o "Alas para la Esperanza" durante el mes de diciembre.

En estos eventos, los clubes ofrecen vuelos biplaza (tándem) a precios reducidos o simbólicos a cambio de la donación de juguetes no bélicos o alimentos no perecederos para bancos de alimentos locales. Es una forma de devolver a la comunidad la hospitalidad que brindan durante todo el año en las zonas de despegue y aterrizaje. Ver a un pasajero experimentar la ingravidez por primera vez, sabiendo que su vuelo contribuirá a que una familia tenga una mejor Navidad, añade una capa de emoción que supera a la propia adrenalina del descenso.

El desafío del invierno y el "Tercer Tiempo"

Volar en Navidad no es para los frioleros. Exige una preparación técnica y mental específica. A mil o dos mil metros de altura, la temperatura cae drásticamente, obligando a los pilotos a equiparse con guantes calefactables, monos de plumas y pasamontañas, asemejándose más a alpinistas de alta montaña que a veraneantes.

Sin embargo, el invierno regala a los parapentistas algo único: una atmósfera limpia y una luz dorada y baja que baña los paisajes, creando unas vistas que no existen en agosto. Además, para los afortunados que pueden viajar, la Navidad es la temporada alta del turismo de vuelo. Las Islas Canarias en España, o destinos como Colombia y México, reciben en diciembre una peregrinación masiva de pilotos europeos que huyen de la nieve buscando térmicas potentes para celebrar el Año Nuevo volando en manga corta.

Pero quizás el momento más navideño del parapente ocurre una vez que los pies tocan el suelo. Es el llamado "tercer tiempo". En el aterrizaje, con las velas ya plegadas en sus mochilas, se descorchan botellas de sidra o cava y se comparten polvorones sobre el capó de los coches. Allí, con las caras enrojecidas por el viento frío y la satisfacción del deber cumplido, se brinda por un año más de "buenos vientos y suaves aterrizajes".

Navidad en el mundo del parapente nos recuerda que las tradiciones están vivas y pueden reinventarse. Para estos deportistas, la paz navideña no se encuentra en el silencio de una noche cerrada, sino en el susurro del viento en los suspentes y la inmensa libertad de observar el mundo, y sus luces navideñas, a vista de pájaro.

Parapente Sopelana

Desde los inicios del deporte del parapente, Parapente Sopelana ha estado ahí, con los pioneros. Décadas de trabajo que hacen de nuestro proyecto una magnífica elección si quieres descubrir el vuelo biplaza en el paraiso de las playas de Sopelana. Tanto si quieres dar un excitante paseo, como si quieres profundizar más en el mundo del vuelo libre, Parapente Sopelana está aquí para atenderte, aconsejarte, acompañarte. Siempre con los mejores profesionales y en total seguridad.

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