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parapente sobre sopelana

El turismo activo se ha convertido en una de las grandes apuestas de muchos territorios

que buscan diversificar su oferta más allá del turismo convencional de sol y playa. Sin embargo, los veranos cada vez más extremos que se viven en España y en buena parte del sur de Europa están obligando a repensar muchas de estas propuestas. Las altas temperaturas, las olas de calor prolongadas y, especialmente, los incendios forestales recurrentes están condicionando la experiencia de los viajeros que buscan actividades en la naturaleza. Senderismo, rutas de montaña, ciclismo de interior y otras prácticas vinculadas al medio rural se ven directamente amenazadas por la posibilidad de cierres de espacios naturales, evacuaciones preventivas y una degradación del paisaje que resta atractivo a la experiencia.

En este contexto, el turismo activo en las zonas costeras aparece como una alternativa cada vez más sólida, capaz de ofrecer seguridad y variedad de actividades incluso en escenarios de riesgo climático. El parapente, en particular, ha ido ganando protagonismo como propuesta diferenciadora para quienes buscan vivir emociones intensas sin exponerse a los peligros derivados de la temporada de incendios. Aunque tradicionalmente asociado a entornos de montaña, el parapente de costa se ha desarrollado con fuerza en lugares como Sopelana, Tenerife o la Costa Brava, donde la combinación de acantilados, brisas marinas y paisajes abiertos crea condiciones óptimas para volar.

Uno de los principales motivos por los que el parapente costero se consolida como alternativa segura es precisamente la ausencia de vegetación inflamable en los entornos de vuelo. Mientras que en el interior peninsular el humo de los incendios puede reducir la visibilidad, afectar a las corrientes térmicas e incluso obligar a cancelar vuelos, en los acantilados costeros las condiciones son más estables y la probabilidad de interrupción por fuego es mínima. Las corrientes ascendentes generadas por el viento que choca contra la línea de costa permiten vuelos suaves y controlados, lo que resulta ideal tanto para pilotos experimentados como para quienes se inician en esta práctica a través de un bautismo en tándem.

Además, el parapente de costa no solo se presenta como seguro frente a los incendios, sino que también ayuda a mitigar otro de los problemas asociados a los veranos extremos: las altas temperaturas. Mientras actividades como el senderismo o el ciclismo pueden volverse insoportables bajo el sol de julio y agosto, el vuelo en parapente aprovecha las corrientes de aire fresco que provienen del mar. Esta diferencia térmica proporciona una experiencia más cómoda y agradable, reduciendo el riesgo de golpes de calor y ofreciendo una alternativa viable para quienes desean seguir practicando turismo activo sin comprometer su salud.

A nivel turístico, esta situación está marcando una tendencia interesante. Las escuelas y empresas que ofrecen vuelos biplaza en la costa experimentan una mayor demanda durante los episodios de incendios en el interior, ya que los visitantes buscan actividades que no estén condicionadas por el cierre de parques naturales o la restricción de accesos. Además, el parapente costero suele estar vinculado a entornos urbanos o semiurbanos, lo que facilita la logística al visitante, que no necesita desplazarse largas distancias para acceder a la actividad. Esto contrasta con las rutas de montaña, que en muchos casos se ven comprometidas por carreteras cortadas o limitaciones de acceso para prevenir riesgos.

El atractivo del parapente de costa no se limita a la seguridad y la comodidad. También está el componente estético y experiencial. Volar sobre un acantilado con vistas al mar ofrece una perspectiva única que enriquece el imaginario turístico. Desde el aire, los visitantes pueden contemplar playas, puertos, faros y paisajes que combinan naturaleza y cultura de una manera difícil de replicar en otros contextos. Esta dimensión fotogénica, además, ha encontrado un aliado en las redes sociales, donde las imágenes de vuelos sobre la costa se han convertido en un reclamo poderoso para atraer a nuevos practicantes.

La sostenibilidad es otro factor a destacar. El parapente es una de las actividades de turismo activo con menor impacto ambiental, ya que no requiere infraestructuras invasivas ni consumo energético más allá del propio equipamiento. En un contexto en el que los incendios forestales recuerdan la fragilidad de los ecosistemas, esta cualidad añade valor a la propuesta y refuerza el atractivo de la actividad frente a otras más agresivas con el medio natural.

Los veranos extremos con incendios forestales recurrentes están obligando a redibujar el mapa del turismo activo en España. Mientras algunas actividades tradicionales en entornos forestales se ven condicionadas por los riesgos, el parapente en las zonas de costa emerge como una alternativa segura, fresca y sostenible. Esta práctica no solo se adapta a las nuevas realidades climáticas, sino que también ofrece una experiencia de gran atractivo para quienes buscan combinar aventura, naturaleza y seguridad en sus vacaciones. Todo indica que, en los próximos años, su papel dentro del turismo activo seguirá creciendo a medida que el cambio climático intensifique sus efectos en el interior peninsular.

Parapente Sopelana

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