Un vuelo en parapente biplaza sobre los acantilados de Sopelana: experiencia de libertad en la costa vasca
Sobre la costa de Bizkaia, en el municipio de Sopelana, el cielo y el mar se encuentran en una coreografía perfecta que invita a volar. Allí, entre verdes acantilados y brisas marinas constantes, se practica una de las formas más puras y emocionantes de turismo activo: el parapente biplaza. Esta modalidad, pensada para quienes no tienen experiencia previa en vuelo, permite a cualquier persona elevarse y contemplar el mundo desde una perspectiva única, acompañado por un piloto profesional que se encarga de todos los controles y maniobras.
La jornada comienza en la zona de despegue, situada en la ladera conocida como La Salvaje, junto a la playa de Barinatxe. Este punto, fácilmente accesible desde el centro de Sopelana, es uno de los enclaves más valorados por los parapentistas de toda España, gracias a sus condiciones aerológicas favorables y la belleza incomparable del entorno. Mientras algunos pilotos preparan sus velas sobre la hierba, los instructores explican a los pasajeros los pasos básicos: una pequeña carrera, seguir las indicaciones y dejarse llevar.
El viento sopla del noroeste, constante y con la fuerza justa. El piloto despliega la vela, revisa las líneas y conecta el arnés del pasajero al suyo. Tras un breve chequeo y algunos pasos acelerados hacia el borde, el parapente cobra vida y ambos cuerpos se elevan suavemente sobre el acantilado. La tierra queda atrás en cuestión de segundos, y el silencio del aire reemplaza al bullicio lejano de la playa.
Una vez en vuelo, la sensación es de ingravidez. El mar Cantábrico se extiende como un tapiz azul salpicado de espuma, y las playas de Arrietara y Atxabiribil relucen bajo la luz del sol. Las olas rompen con fuerza mientras los surfistas parecen pequeñas figuras móviles en miniatura. Hacia el interior, los montes vascos se suceden, verdes y ondulados, y más allá se adivina la silueta de Bilbao entre las brumas del mediodía.
El piloto, siempre en comunicación con el pasajero, describe la zona, apunta puntos de interés y maniobra con suavidad para que el vuelo sea placentero y seguro. Es posible incluso tomar el control unos instantes, con su supervisión, para sentir el timón del cielo en las manos. Las ascendencias térmicas y dinámicas permiten mantenerse en vuelo durante varios minutos e incluso ganar altitud, ofreciendo panorámicas aún más espectaculares.
A lo largo del recorrido aéreo, no es raro cruzarse con otras velas multicolores flotando sobre el paisaje. El ambiente es distendido, casi familiar: saludos en el aire, piruetas suaves y fotografías desde las alturas. Los biplazas comparten espacio con parapentistas experimentados que aprovechan las condiciones para hacer vuelos más largos, incluso hacia los acantilados de Getxo o hacia Barrika, dependiendo del día.
Después de una travesía que puede durar entre 15 y 30 minutos, el aterrizaje se realiza con suavidad en la playa o en una de las zonas habilitadas en los prados cercanos, según la dirección del viento. El regreso al suelo trae consigo una mezcla de euforia, calma y agradecimiento. Para muchos, la experiencia es transformadora: una dosis de libertad pura, de contacto con la naturaleza y de superación de miedos.
Volver a mirar hacia arriba y ver a otros volando justo donde uno estuvo minutos antes genera una conexión especial con el lugar y con quienes lo habitan. Sopelana no solo ofrece un paisaje costero de postal, sino también la posibilidad de mirar el mundo desde el aire, suspendido en un silencio casi mágico. El parapente biplaza es, sin duda, una de las mejores formas de descubrirlo.